El Ojo de Dios, conocido entre los huicholes como Tsikuri, es mucho más que un objeto decorativo: es un símbolo espiritual que conecta a las personas con lo divino. Cuenta una antigua leyenda que, en los primeros tiempos, cuando el mundo aún era joven y los hombres no comprendían los misterios del universo, los dioses decidieron otorgarles una forma de ver lo invisible. Un anciano sabio de la comunidad, guiado por sueños, subió a la montaña sagrada en busca de respuestas. Durante su travesía, el viento le susurró que debía crear algo con lo que pudiera mirar más allá de lo evidente. Entonces tomó dos varas de madera, las cruzó formando una cruz, y comenzó a tejer hilos de colores alrededor de ellas. Cada color representaba un elemento del mundo: el rojo era la vida, el azul el cielo, el amarillo el sol y el verde la naturaleza. Mientras tejía, el anciano pedía protección y sabiduría para su pueblo. Al terminar, colocó su creación frente al sol naciente, y en ese instante, sintió que podía ver no solo con sus ojos, sino con su espíritu. Al regresar, enseñó a su gente a crear estos ojos sagrados. Desde entonces, cuando nace un niño huichol, su familia teje un Ojo de Dios cada año hasta que cumple cinco años. Cada uno simboliza un deseo, una protección y una visión otorgada por los dioses. Se dice que quien observa un Tsikuri con el corazón abierto puede encontrar claridad en momentos de confusión, pues no muestra el mundo tal como es, sino como debe ser entendido. https://routicket.com/plugins/facebook/pages/uploads/photo_video_20260327_070330_08eb1e.mp4